Cuido Serena

Cursos de cuidado de adultos mayores a domicilio para principiantes

Sin entrenamiento médico, es difícil distinguir cuál de los tantos cursos de cuidado en casa realmente te prepara para cuidar a un adulto mayor en México, y cuál solo vende tranquilidad envuelta en música suave. Tampoco yo tenía esa respuesta cuando mi mamá salió del hospital con una andadera nueva y una lista de indicaciones que no supe traducir a mi cocina. Llevé nóminas durante dos décadas en una distribuidora de autopartes, así que estoy entrenada para que los números cuadren, pero la seguridad del paciente no perdona un error de cálculo como perdona una nómina: si algo falla, falla en su cuerpo. No soy enfermera ni estudié gerontología, y de un día para otro me tocó volverme responsable de su seguridad sin haber tomado antes ninguna capacitación para cuidadores.

Antes de gastar un peso en cursos, intenté la vía formal: le marqué a la trabajadora social que le correspondía a mi mamá en el IMSS, dejé mis datos y una pregunta concreta sobre qué capacitación había disponible, y esa llamada nunca se devolvió. Fue justo esos días cuando Elvira Cienfuegos, con quien llevo dos décadas de amistad telefónica desde que se cambió de ciudad, me marcó por otra cosa completamente distinta y, como siempre, preguntó primero cómo seguía mi mamá antes de saludarme a mí. Esa llamada sin respuesta del IMSS terminó empujándome a buscar en línea, y ahí arrancó la parte cara del aprendizaje: en cuestión de semanas terminé comprando tres cursos distintos.

El primer paso: cómo empieza alguien que nunca pisó un curso de enfermería

Lo primero que busqué fue estructura, no motivación. Si no sabía cómo mover a mi mamá sin lastimarla a ella ni a mi espalda, necesitaba un procedimiento, no una filosofía. El primer curso lo compré por impulso, una noche que no podía dormir pensando en todo lo que ignoraba, y prometía una capacitación completa para cuidadores principiantes. Me costó lo que gasto en un par de meses de los copagos de las medicinas de mi mamá, y durante la primera semana lo revisé cada noche buscando algo que se pudiera aplicar al día siguiente.

El curso que abandoné a medio módulo

Ese primer curso resultó puro relleno envuelto en buenas intenciones. Los módulos hablaban de la espiritualidad de envejecer y de honrar el vínculo familiar, cuando lo que yo necesitaba era saber cómo evitar que se resbalara en la regadera. Después de su caída instalamos los tapetes antideslizantes para baño para adultos mayores tras una caída, y aun así el curso no explicaba cómo pararme yo para sostenerla sin que las dos acabáramos en el piso. Tampoco entraba en cómo bañarla con seguridad ni en qué hacer cuando la piel empieza a irritarse por el uso constante de pañal, temas que cualquier curso serio para principiantes debería tocar antes que la motivación. Si tu mamá todavía se vale prácticamente sola y solo quieres prevenir una caída antes de que pase, ese tipo de curso puede bastarte; si ya necesita que alguien la sostenga físicamente, te deja exactamente donde empezaste.

Documentos de alta hospitalaria junto a un celular abierto en un curso de capacitación para cuidadores, primeros pasos en el cuidado en casa de un adulto mayor

Cuando el curso técnico por fin encajó en el pasillo de la casa

Al principio pensé que el segundo curso, más seco y técnico, estaba hecho para gente con experiencia, no para alguien como yo que apenas aprendía a leer un pastillero. Me equivoqué. Fue el único que de verdad me sirvió cuando no supe qué hacer. Hablaba de mecánica corporal aplicada al cuidado en casa, de cómo apoyar los pies y usar el peso del cuerpo en vez de la fuerza de los brazos, algo que se podía practicar esa misma noche.

Practicar en un pasillo real cambia todo lo que un video enseña en un salón amplio de piso liso. El mío es angosto, y cualquier andadera para adultos mayores en espacios reducidos apenas libra los marcos de las puertas, así que aprendí a medir el espacio antes de mover un solo mueble. Los domingos que el clima ayuda, salimos con la andadera hasta la entrada del Parque Metropolitano de León, aunque sea a paso lento y sin llegar muy lejos; para mi mamá esos metros valen más que cualquier caminadora de gimnasio.

Andadera sobre piso de mosaico en un pasillo estrecho, parte de la seguridad del paciente y la movilidad asistida de un adulto mayor en México

Elegir capacitación para cuidadores según el nivel de dependencia de tu mamá

Hace poco me escribió una lectora, Rosalba Fuentes, desde Guadalajara, preguntando qué andadera convenía para un departamento de dos recámaras, después de que su mamá quedara con miedo de caminar tras una caída en el pasillo de su casa. Le respondí lo mismo que digo aquí: antes de decidir cualquier equipo o cualquier curso, hay que ver qué tanto puede hacer sola tu mamá todavía, porque el nivel de dependencia cambia por completo qué capacitación te sirve. Semanas después me mandó una nota larga contándome que el cambio sí había funcionado, y esas notas largas, cuando algo de verdad funciona, valen más que cualquier reseña genérica.

El tercer curso que compré, hecho por gente en España, es bueno si tu mamá ya cuenta con más apoyo alrededor: otra persona en casa, terapia física programada, un presupuesto que permite ayuda extra. La mensualidad se siente como pagar una semana de una cuidadora de medio tiempo, y a cambio da protocolos pensados para un equipo, no para una sola persona cargando todo. Ahí es donde deja sola a quien cuida sin ayuda: explica qué hacer, pero asume que alguien más está disponible cuando tú te canses, y en mi casa esa persona no existe.

Lo que sí me llevo de estos meses

Antes de encontrar un sistema, perdí semanas enteras acomodando pastillas en vasitos y servilletas, hasta que leí sobre cómo elegir el mejor organizador de pastillas semanal para mi mamá y entendí que el manejo de los medicamentos necesita un sistema, no buena voluntad. Para la quinta semana, el organizador ya no me daba sorpresas los lunes: abría el compartimento y encontraba cada cajita con su dosis exacta, ninguna pastilla revuelta con la del día siguiente, ningún hueco donde debía haber una tableta. No fue gracias a un golpe de inspiración, fue el resultado aburrido de repetir el mismo proceso cada semana hasta que dejó de fallar.

Mano escribiendo horarios de medicinas en una libreta, parte de la capacitación básica de una cuidadora principiante

Si estás por comprar tu primer curso, no lo decidas por la portada ni por el testimonial del inicio: ve directo al índice del segundo módulo. Si ahí ya habla de manos, de cuerpos, de pasillos y de qué hacer cuando algo sale mal, es un curso que te va a sostener en una madrugada difícil. Si todavía anda hablando de honrar el vínculo familiar, ese dinero mejor gástalo en otra cosa, aunque la portada se vea más bonita. Ni modo, esa fue la lección más cara de estos meses, y la única que de verdad me hubiera ahorrado tiempo si alguien me la dice antes.

Nota:
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