Cuido Serena

Mejores sillas para baño para adultos mayores que sufrieron caídas

Cuatro sillas de baño han pasado por mi casa desde que mi madre se cayó, y solo dos se quedaron el tiempo suficiente para ganarse un lugar junto a la regadera. Las otras dos no eran malas; simplemente no eran para ella, con tanto respaldo y tanto apoyabrazo que parecían pensadas para alguien que ya no puede sostenerse solo, y en ese entonces mi madre todavía podía. La pregunta que de verdad decide qué silla comprar, si lo que te importa es la seguridad en el baño y prevenir una segunda caída, no es cuál se ve más robusta en la foto, sino cuánto puede hacer todavía la persona por sí misma ahí adentro.

Antes de seguir: algunos enlaces de este texto son de afiliada, y si te inscribes en algún curso usándolos yo recibo una comisión sin que a ti te cueste un peso extra. Lo que comparto aquí es lo que compré y usé yo misma, cuidando a mi madre después de su caída. No soy enfermera ni geriatra, así que cualquier cambio real en la rutina de tu familiar pasa primero por su médico o por quien la esté atendiendo.

Aluminio anodizado y seguridad en el baño: la lista que sí importa

En la distribuidora de autopartes donde llevé la nómina veinte años aprendí que lo barato sale caro cuando no cumple con la especificación, y en el cuidado del adulto mayor esa lección se volvió literal apenas puse un pie en el baño de mi madre. Lo primero que hay que revisar es el material: aluminio anodizado, porque un baño es zona de humedad constante y cualquier tornillo que empiece a oxidarse termina cediendo justo cuando menos lo esperas.

Después vienen los regatones, esas gomas de las patas: hay que buscarlos anchos y de succión real, no los delgaditos que traen de fábrica algunas sillas baratas y que se resbalan apenas se moja la loseta. Y algo que casi nadie revisa antes de comprar son los agujeros de drenaje del asiento: si el plástico es liso, el agua se junta y forma una película resbalosa justo debajo de la piel, que es justo lo que no quieres cuando ya hubo una caída de por medio. Eso es lo que yo entiendo por seguridad en el baño: no un aparato con más adornos, sino uno que no le deja al agua ningún lugar donde esconderse.

Regatones de succión anchos en una silla de baño para adultos mayores, clave para prevenir caídas en el baño

Respaldo alto: cuándo ayuda y cuándo estorba

Me voy a corregir a mí misma aquí, porque vale la pena decirlo en voz alta: yo pensaba que entre más respaldo y más apoyabrazos fijos tuviera la silla, más segura estaría mi madre. Ándale, qué manera de equivocarme. Un respaldo muy alto y unos apoyabrazos que no se mueven terminan limitando el rango de movimiento que la persona necesita para sostener su propio equilibrio, y si la silla la envuelve demasiado, ella deja de esforzarse por sostenerse y pierde justo la autonomía que uno quiere conservar, sobre todo si el nivel de dependencia todavía es bajo.

Un banco simple, o una silla de respaldo bajo, obliga al cuerpo a seguir trabajando, bajo supervisión, claro, pero trabajando. Los apoyabrazos fijos, además, estorban en cuanto hay que hacer una transferencia desde la andadera, y ahí el espacio de maniobra entre las mejores andaderas para adultos mayores en espacios reducidos de casa y la silla de baño es donde de verdad ocurren los sustos: la andadera entra al baño también, y la silla completa lo que la andadera sola no puede cubrir.

Lo que la silla no te enseña a hacer

Se puede tener la silla perfecta, el mejor organizador de pastillas semanal bien armado, y aun así seguir sintiéndose al borde, porque saber qué comprar no es lo mismo que saber cómo cuidar. El baño, para quien apenas empieza, es el escenario más visible de un problema más grande: es ahí donde ocurren más caídas que en cualquier otro cuarto de la casa, así que elegir bien la silla es, de todas las decisiones que vas a tomar, la que más peso carga. Pero la silla no dice nada sobre cómo mover a alguien sin lastimarte la espalda, ni sobre qué hacer si la piel se irrita por usar pañal seguido, algo que también hay que vigilar aparte.

Me metí a varios grupos de Facebook de cuidadores buscando ese tipo de indicaciones prácticas y la mayoría eran pura venta de pañales y anuncios de asilos privados; de vez en cuando alguien hacía una pregunta que sí valía la pena, como Amelia Sandín, que cuida a su papá en Celaya y antes de comprar cualquier cosa pregunta hasta el último detalle. Ante esa falta de estructura fue que terminé revisando el curso Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, con la misma desconfianza con la que revisaría a un proveedor nuevo: quién lo imparte, si sirve para alguien sin formación médica, si el soporte es una persona real o un buzón que nadie contesta.

Silla de ducha de aluminio sin respaldo alto junto al inodoro, pensada para la seguridad en el baño de un adulto mayor con movilidad reducida

Decide según lo que tu familiar todavía pueda hacer solo

Si tu papá o tu mamá salieron apenas del hospital y todavía caminan, aunque sea con miedo, y lo único que te urge es que el baño deje de ser una trampa, probablemente te alcance con acertar en la silla: aluminio, buenos regatones, agujeros de drenaje, una altura pareja a la del excusado de siempre para que el cuerpo no tenga que recalcular el esfuerzo cada vez que se levanta. Eso, más un poco de sentido común, cubre a la persona que todavía se sostiene sola.

Pero si ya llegaste al punto de bañarla, vestirla o cargarla en cada transferencia, y sientes que estás improvisando cada noche sin saber si lo estás haciendo bien, ahí la silla sola ya no alcanza, por buena que sea; ahí es donde un curso como el que yo tomé empieza a justificar lo que cuesta, que viene a ser más o menos lo que gastarías en una semana de ayuda de una cuidadora de medio tiempo. No es un boleto mágico ni sustituye al geriatra, pero organiza lo que hasta entonces tenías desordenado en la cabeza a las tres de la mañana.

El baño ya no es zona de miedo

Zoila Ureña, mi vecina, cuida a su suegra y vive a tres casas de la mía; cuando algo en su rutina truena, ella primero busca cómo resolverlo y después, si acaso, averigua de quién fue la culpa, y esa manera de pensar se me quedó pegada más que cualquier consejo que haya leído en internet.

Teléfono mostrando el curso de cuidado del adulto mayor a domicilio junto a implementos de seguridad para el baño

La primera noche que no me desperté a las tres de la madrugada por puro reflejo, me quedé un rato mirando la orilla de la cama, casi esperando tener que levantarme, y no pasó nada; el baño ya no olía a miedo, sino otra vez a jabón neutro.

Ni modo, las caídas van a seguir pasando, eso no lo decide ninguna silla ni ningún curso, pero que a una la agarren desprevenida después de la primera, eso ya es tarea de cualquier cuidadora familiar que se lo tome en serio.

Si andas parada frente a esa misma regadera sin saber por dónde empezar, revisa primero que la silla cumpla con lo básico, y si el miedo viene más de no saber qué hacer que de no tener el equipo correcto, ahí sí vale la pena mirar con calma el curso Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, no porque lo prometa todo, sino porque a mí me ayudó a poner orden en el caos.

Nota:
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